
Algunas personas o en dado caso la mayoría de nosotros están en búsqueda de una sensación que les haga sentir seguros y les otorgue la dosis de una "droga" insustancial que otorgase un delicioso espejismo de felicidad pero, en realidad, esa búsqueda es interminable. A la vez que estémos sometidos a una febríl conducta, tratando de acogerle una y otra vez, inovando deseos y sensaciones inexistentes es imposible congelarla.
Hay quienes cuentan con la facilidad innata de poseer la felicidad una y otra vez. eEs porque una vez que le tienen, la defienden con lágrimas, entrañas y locura como parte de un rito de sufrimiento y dolor continuo que favorece como si fuera el ayuno antes de probar bocado.
Alcanzamos a ver hermoso todo aquello que es brillante a nuestros ojos envueltos de percepciones oscuras del caleisdoscopio tonal que es ada una de las personas, pero una vez que algún brillo ilumina alguna pupila le siguen y tratan de mirar a través de ello, envolviendose de su tono. Es común sentir como común eso mismo una vez que se repite interminablemente la misma sensación, de ahi que vamos de nuevo en búsqueda de nuevas variantes y brillos para nuestra visión inconformada.
Hay cietas clases de personas que conocen la estructura de esta visión, son sujetos que tienen en consideración que esa cadena de estimulos carecen de final. Y al fin todo terminará por hartarlos y terminar con sus fuerzas por redirigirles hacía un desencanto una y otra vez.
Nietszche escribió en alguna parte, "toda tragedia (entendiendose como quebranto de la felicidad) debe entenderse como la unidad superadora de la oposición". La alegría de vivir no radica en sólo abrazar lo conveniente.
Para colocarnos más allá del terror y la compasión que alcancemos a sentir, debemos abrazar el eterno devenir de la felicidad que encierra también el goce del aniquilamiento y la tragedia.
Piensa que "si no te queda alegría alguna aún que te queda el dolor" y a través de él comprenderás el mundo.

